
Era un vecindario tranquilo, casi no pasaba ningún carro, lo mas que recuerdo era la fachada de color celeste, Margarita entraba, sin decir palabra alguna, ya la conocían y la respetaban, había un olor a todo, mezcla de orines con heces y algo de mar.
La bulla era tremenda, ruido por todos lados, los perros no dejaban de ladrar, era verlos y pensar en lo que querían; margarita llevaba comida para ellos, yo la acompañaba, llevando los paquetes, no podía entender mucho, solo era el acompañante y cargador.
Su faz se transformaba al entregar los paquetes al encargado, y luego cambiaba al verlos como deboraban la carga, yo solo atinaba a mirar y poco entender.
Solo eran minutos o tal vez horas, solo se, que era eterno la espera, pero igual me valía , ya que después veía a Margarita dando las gracias y la felicidad transformaba su faz de nuevo, me llevaba a ver el mar, ya que estábamos a dos cuadras, que feliz era, con poco entender.........




